Yumbel es un pueblo que sabe de identidad. Lo demostramos cada año con el orgullo de nuestra Trilla a Yegua Suelta y la inmensa fe hacia San Sebastián. Somos una comunidad que cuida sus tradiciones; por eso, resulta extraño que el Tratado de Tapihue, firmado aquí mismo hace 201 años, sea hoy casi desconocido para nuestra gente.
¿Por qué el 7 de enero no tiene la misma fuerza que las otras fiestas tradicionales? Quizás la respuesta es simple: nos falta un hito o un lugar físico que nos recuerde que Yumbel fue el escenario del pacto de hermandad más grande entre el Estado de Chile y la Nación Mapuche.
No se trata de elegir entre la fe, el campo o la historia. Se trata de entender que somos el resultado de todos esos mundos. Si hoy celebramos nuestras cosechas y creencias, es porque en este mismo suelo se firmó un documento que el país hoy vuelve a mirar con atención.
El Tratado de Tapihue, con sus 33 artículos, no es solo un papel antiguo; es un legado de diálogo que nació en nuestros suelos. Especialmente su Artículo 29, que nos invita a sentarnos a la mesa como hermanos para resolver los grandes desafíos. Es una herramienta de paz que el país hoy necesita, y la tenemos nosotros, los yumbelinos.
No permitamos que esta historia se pierda. Yumbel necesita recordar su pasado y los más de 13 parlamentos que se realizaron en estas tierras. Así como cuidamos nuestras fiestas y nuestra fe, debemos rescatar este orgullo histórico. Es hora de que nuestra comunidad trabaje para que el Tratado de Tapihue tenga el lugar que se merece en nuestra memoria.
¡Yumbel es historia viva; no dejemos que el olvido sea el que gane!

